El cuerpo se desprende de la piel como del recuerdo,
cae invisible y con ella vamos renovando el aspecto,
cambios imperceptibles. Las partes cicatrizadas se mantienen
como señales hacía un mundo superior, sólo a vista de pájaro.
La sensación es de cambio, pero todo se limita a clonarse
a lo largo de la vida en uno mismo.

Ves pasar como en una estación, rostros que abrirán tu apetito
por la vida; es una breve parada y partirán de nuevo, sin llegar a comprender
del todo, las continuas despedidas y encuentros,
resguardados como equipaje que espera trayecto.
Las reglas s-útiles, los pactos que se desprenden por capilaridad
< el uno arrastra al otro>
poder rectificar o reconducir en la partida, se supone llevándonos
a renovar antiguas costumbres o tics escogidos.
Nuestro aspecto cambia, pero nos recordamos siempre o inconscientemente,
cogidos de la mano y encogidos de rubor, preocupados y dolidos pero
sonriendo,
jugando, deseando llegara mañana, muchos días al año.