Lo verdaderamente femenino es perdurable
Miro a los ojos y lanzan sus palabras.
Escucho su registro entre los márgenes
Descifrando íntimos que desfilan sin el sonido
De los labios,
En los gestos que les averiguan sin saberlo.
Las penas, alegrías y ausencias,
Dicen lo ínfimo de sus deseos pausadamente
Inquietos.
Todos repri-mimos, especial-mente.
Hacer el amor es saber-les aquello que se te niega,
En redondo,
Y recoger-sélo mostrando-sélo a espaldas
Y en el silencio de sus cuerpos, forzando sin ellas saberlo

Sus propias caricias-deseo que algún día soñaban a oscuras
Desde la infancia vespertina de una mujer.
Su misterio no va más allá de una y nada simple caricia,
Puro calor, cobijo.