Lo verdaderamente femenino es perdurable

 

Miro a los ojos y lanzan sus palabras.

Escucho su registro entre los márgenes

Descifrando íntimos que desfilan sin el sonido

De los labios,

En los gestos que les averiguan sin saberlo.

Las penas, alegrías y ausencias,

Dicen lo ínfimo de sus deseos pausadamente

 Inquietos.

Todos repri-mimos, especial-mente.

Hacer el amor es saber-les aquello que se te niega,

En redondo,

Y recoger-sélo mostrando-sélo a espaldas

Y en el silencio de sus cuerpos, forzando sin ellas saberlo

venus-dormida-paul-delvaux2

Sus propias caricias-deseo  que algún día soñaban a oscuras

Desde la infancia vespertina de una mujer.

Su misterio no va más allá de una y nada simple caricia,

Puro calor, cobijo.

                     

 

 


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